Duerme. Ardida y tibia. La noche llena con plenitud todos los huecos del alma. Y su cuerpo, combado y desnudo, su espalda, sus flancos,… destierran todos mis días de labor, pasados y venideros. La miro, la acecho, torbo, y me encadena su sueño, religiosamente me arrastra su sagrario de carne, con un hambre medieval. Pero debo desaparecer, hoy es el día, para un rocker hay deberes ineludibles. La beso, me desgarro y me largo. (Angus-tía.)


