Guzmán el Malo

 Cuenta la leyenda que durante el asedio de Tarifa, el sultán Abu Yacub apresó al hijo del alcaide Alonso Pérez de Guzmán, amenazando con matarlo si la ciudad no se rendía. Alonso no solo no se rindió sino que arrojó a los sitiadores su propio puñal para que cumplieran la amenaza. La ciudad resistió, los africanos se retiraron y a nuestro hombre se le pasó a conocer como Guzmán el Bueno.

Alguno ya habrá adivinado que voy a hablar del secuestro por parte de piratas somalíes del atunero español, Playa de Bakio. Según aseguró el presidente de la autoridad portuaria de Haradhere, Sr. Jalif Ahmed, los piratas habrían recibido 1,2 millones de dólares a cambio de la liberación de los marineros. No deja de ser curioso que el rescate se negociara en lujosos bufetes de abogados de la city londinense, se hace forzoso aquí recordar a los viejos corsarios, franquiciados de su Graciosa Majestad.

  A día de hoy todavía no se conoce quien ha pagado el rescate, si la empresa armadora, o el Gobierno español, o ambos en comandita. Nada que objetar al pago del rescate por la empresa, Pesqueria Vasco Montañesa, es completamente comprensible, y creo que todos hubieramos hecho lo mismo. Cuando está en juego la vida de personas queridas no hay dilema moral que valga, lo principal es la vida de nuestros familiares, Guzmán el Bueno sola ha habido uno. Y aún si lo hubiera pagado el Gobierno puedo entenderlo, garantizar la vida de los españoles es su misión más básica. Lo que ya no puedo admitir es que se venda a la opinión pública toda esta operación como el gran triunfo de la diplomacia española. Que acudan las ministras y el propio ZP a las ruedas de prensa con la cara repleta de satisfacción y hablen de feliz desenlace, del nuevo éxito de política internacional del gestor de crisis mundiales, el gran Zapatero, redentor de las civilizaciones y muñidor de la paz mundial. El EXITO, entérense bien, el grandioso éxito, ha sido el de los piratas, que al final han conseguido plenamente sus objetivos.

Y decía antes que puedo entender que pagara el rescate el Gobierno español, si acto seguido hubiera emprendido una acción militar para perseguir y castigar a los culpables, tal cual Sarkozy acometió, una vez ya aseguradas las vidas de los marineros. Pero no ha sido el caso. Zapatero, sorprendentemente, no lo ha permitido, de los últimos actos de pirateria registrados en aguas somalíes, el del atunero español es el único que se resuelve sin intervención militar.

Con ello, ha premiado el crimen, lo ha financiado y ha contribuido a su incremento, Aristegui dixit con toda razón. Y nosotros volvemos a la cantinela: “Un Estado no negocia con criminales, y mucho menos cede al chantaje” ¿a que me sonará esto?.

 

 

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