II.- Casta Cabrera

Otra de las castas fundacionales. Las primeras noticias ciertas que tenemos de ella datan del siglo XVIII cuando la vacada pertenecía a Luis Antonio Cabrera Ponce de León, que al parecer la había ido adquiriendo a monjes cartujos de Tarifa, y al igual que la vazqueña, estaba establecida en Utrera. Eran los animales de Cabrera de gran alzada y muy corpulentos, largos y de cuello galgueño, y con defensas muy desarrolladas. A pesar de su gran peso no resultan gordos, pues disponen de un gran esqueleto que soporta sin problema la gran cantidad de quilos. Destacan por su variedad de pelajes, negros, colorados, castaños, cárdenos, berrendos, salpicados, chorreados, algún jabonero, y todavía se pueden ver sardos y salineros.

La Casta Cabrera ha estado ligada desde el año 1842 al nombre de Miura, única ganaderia que ha mantenido esta casta, y a pesar de haber introducido algún semental de Vistahermosa o de Casta Navarra, ha llegado hasta nuestros días con sus características esenciales.

El toro cabrera era muy duro en la lidia, peleaba bravamente con el caballo y con mucha agresividad. Su principal carácterística, aparte de su corpulencia y alzada, era que desarrollaban mucho sentido, y ya en la fase de muleta resultaban ilidiables. Con el desarrollo de la tauromaquia moderna basada en la faena de muleta, estos toros, como los de Veragua y otros, fueron desapareciendo de las plazas. A pesar de ello, Miura, gracias a su encomiable labor ganadera y de selección, que consiguió dotar a los terribles miuras de cierta nobleza y fijeza, se ha mantenido muchisimos años en primera fila, siendo practicamente la ganadería mas renombrada que ha existido, en parte debido a que sus toros han causado más muertes de figuras que ninguna otra y generaciones de taurinos conocen al dedillo los nombres de sus más famosos ejemplares.

«Los Miuras tenían fama de aprender muy rápido. Creo que, en mis tiempos, esa fama correspondía a la realidad. No les podíamos hacer dos veces seguidas la misma cosa porque, a la tercera, ya la habían aprendido y sabían más que nosotros. A los Miuras actuales han logrado quitarles, en gran medida, esta característica.»
(Marcial Lalanda, Tauromaquia, 1987)

Aquí se pueden ver algunos “retratos” de aquellos Miuras legendarios y “asesinos”. Hoy, desgraciadamente, la ganadería está atravesando por malos momentos y ha desaparecido de muchas de las grandes ferias. Su comportamiento descastado y moruchón se está haciendo predominante en sus toros, y esto nos hace temer por esta verdadera joya ibérica, pues es muy díficil la labor ganadera para refrescar esa sangre, dado lo limitado de la casta cabrera.

Para acabar diremos que dentro de la Casta Cabrera hay un linea especial, al que algunos dan la categoría de casta y otros de encaste dentro de Cabrera, que es la llamada Casta Gallardo, de la que nos ocuparemos en un próximo post.

** Todas las fotografías son de miuras. (Algunas de Salvador Garcia Valverde)

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5 pensamientos en “II.- Casta Cabrera

  1. Coñe, hay datos que no sabía.

    Ya sabes que yo soy más torerista que torista pero la serie me parece muy buena. Espero aprender algo más sobre los toros y sus encastes. Felicidades.

  2. Eso de que los miuras acabaron con la vida de varias figuras debe ser porque las figuras de antes no reuían matar corridas de esta ganadería. En cambio las “figuras” de ahora no quieren saber nada de ganaderías “duras”, ni de casta ni de bravura. Todos quieren salirle al toro artista, ése que sólo tiene nobleza y nada más. Lo dijeron muy bien don Victorino Martín, su hijo y su sobrino: “los toreros de antes tenían más oficio que los de ahora”. Con el toro encastado y que transmite, primero tiene que entregarse el torero y entonces el toro colaborará; de lo contrario, el espada está perdido. El toro de verdad es el que pone arriba a los toreros que valen o los quita de esto. La afición también tiene parte de la culpa en que se ningunee a las ganaderías “duras”, pues antes le exigían incluso al torero artista que le pudiera al toro encastado, y si no podía hacer delante suyo una obra de arte, no pasaba nada. Pero se trataba de ver si el hombre tenía dotes de lidiador. En cambio ahora tal parece que casi todo el mundo quiere ver a Ponce y a Tomás en cada torero, y a un juan pedro en cada toro. La gracia de la cabaña brava es que la sangre del toro bravo se encuentra (aún) diversificada, y cada encaste tiene características propias. Quizás no sean los antitaurinos quienes acaben con la fiesta, sino el capricho de imponer criterios absurdos en ella.

  3. Que duda cabe que ese es un mal de la fiesta. Además de díficil solución, pues solamente el aficionado (al final una minoria en las ferias) pide encastes variados, el gran público va a ver a Tomás, a Ponce, etc. etc. Aparte, claro está, de la gran pena que produce que al final todas estas joyas genéticas iran desapareciendo.

    Muchas gracias por tus comentarios, Pepe.

  4. Al contrario jinete, gracias a ti por realizar esta valiosa y muy interesante labor de compilación para ayudarnos a entender mejor el árbol genealógico de su majestad, el toro bravo. Un abrazo

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