Un 4 de Agosto. Una madre.

toni-santiago-silvia-7  Toñi Santiago, la madre de Silvia, durante su intervención en un acto de víctimas del terrorismo:

“Me remonto al domingo 4 de agosto de 2002. Amanece un nuevo día y me dispongo a comenzar la jornada para dirigirme a mi puesto de trabajo. Antes, dejo preparada la ropa de Silvia para que su papá se la ponga. Es una niña presumida, muy presumida, y le dejo unos pantalones piratas azules y un top blanco para que se le pueda ver el ombligo.

El día trascurre con total normalidad y a mediodía Silvia llega al restaurante donde trabajo para comer y disfrutar de la tarde con su padre en la piscina. Es feliz, se baña, juega y ríe con los demás niños que se encuentran con ella. Sobre las siete de la tarde, a papá le suena el teléfono. “Papá, ¿te vas?

-Sí cariño tengo que ir a trabajar, te quedas con mami y más tarde nos vemos.

-Vale, papi, pero mira cómo me tiro a la piscina, ya no tengo miedo. Adiós, papá, te quiero.

Momentos después, llega a la piscina mi familia.

-Silvia cariño, nos vamos a casa.

-Vale, mamá, salgo enseguida.

Arreglo a mi pequeña, la seco, la peino y para finalizar la tarde de baño le compro un cucurucho de chocolate.

Entramos en la Casa Cuartel de Santa Pola. Silvia y su primo juegan un rato en el patio con la bicicleta y unos minutos después suben a casa, pidiendo que les llevemos a cenar a McDonalds. Silvia enciende el ordenador para enseñarle a su primo el baile que bailará el día de la Patrona. Disfruta bailando en la habitación, enseñándole a su primo Borja los pasos del baile.

En unos instantes todo se vuelve oscuro, todo se mueve.

-¿Qué pasa, Santos, qué pasa?, le digo a mi hermano. Cuando logro ver, siento cómo la sangre me corre por el rostro.

-Mamá, mamá, me llama mi niña. Comienzo a buscarla.

-No encuentro a la niña, Santos-.

-Aquí, aquí está Toñi.

Sólo veo sus ojitos. Empiezo entonces a quitarle escombros de encima.

-Dios mío, no puedo moverla, socorro, auxilio, por favor, mi niña está muerta.

Suben dos compañeros.

-Toñi, está viva, tenemos que salir de aquí, hay otra bomba.

-No, mi niña se muere, dejadme, iros vosotros.

Uno de los guardias me quita a Silvia de los brazos y sale corriendo con la pequeña. El otro compañero tira de mi brazo y salimos de aquello que había sido nuestro hogar. Mientras corría y los llamaba “hijos de puta”, sentía cómo los cristales se me incrustaban en los pies.

Subo a una ambulancia con mi niña, no llora, no se queja. Le canto y le rezo al oído por si me escucha.

-Llama al hospital, entra en parada, le dice el médico al conductor de la ambulancia, mientras le hace un masaje cardiaco.

Transcurridos unos minutos, dos médicos del hospital nos dan la noticia:

-Lo sentimos, la niña ha fallecido, hemos hecho lo que hemos podido.

De esta manera que les acabo de relatar, la banda terrorista ETA le quita la vida a una inocente niña de tan sólo seis años por ser la hija de un gran guardia civil. Por eso, jamás nos cansaremos de pedir Frente a la Impunidad, Justicia

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