De toros y arte moderno. Miscelánea.

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” El toro cabezón y pechugón no embiste ninguno. Pero tienes que ponerle pecho porque llegan estos perturbados de los veterinarios y dicen que les falta cuajo. ¡Lo que me pasó a mí! En el estudio del profesor Javier Cañón, mi ganadería sale más Saltillo que la de Victorino… Muy sencillo: por sementales. Él [Victorino], sin embargo, se ha ido a Ybarra por el tamaño. Lo mío se ha quedado muy chico. Si es normal… si el toro de Saltillo es muy chico. Te busca la ruina. Fíjate lo que me liaron en Madrid. A mí me gusta el toro de Saltillo: montados, degollados… Aquí nos han salido jirones después de 50 años… Hay un novillo ahí que es un poquito jirón. Lo de Buendía está ahí. Aquí cada uno te cuenta lo que quiere. Sinceridad, la mínima…” Después de sufrir la mayor verguenza de su vida, Adolfo mandó imprimir un cartel con las fotos de los toros rechazados en 2010 por los veterinarios madrileños. “Decían que les faltaba morrillo… ¿Qué morrillo tiene el toro de Saltillo, chalado? Las ganaderías de estos encastes no tienen solución. Con estos perturbados de veterinarios… y la prensa que no sabe. Que te dicen que el toro no está rematado. ¿Qué me estás contando? ¡Si es un toro en su tipo! Y luego, cada vez que se reúnen, dicen que hay que defender los encastes… ¡Pero qué me estáis contando si luego no los dejáis salir a la plaza! Al final, déjate de historias: dos petacos, 600 kilos y así de grande”.

Adolfo Martín.

“La Fiesta es cruel cuando el toro no tiene capacidad de lucha. Deja de serlo cuando hay equilibrio de fuerzas y la balanza puede caer indistintamente de uno de los lados.”. “La bárbara tragedia de antes era grandiosa y bella, porque es bello y grandioso ver burlar con arte el potente empuje de una fiera. Ahora no queda más que el espectáculo de unos hombres martirizando a un pobre animal débil y noble, inocente y casi inofensivo, que sigue vertiendo su sangre, que es quizás lo bárbaro, sin poder oponer su arrogante fiereza, que es lo hermoso.”

Adolfo Bollaín.

 ”¿la corrida es sólo una carnicería?” Me parece más que evidente que, en la medida en que la corrida comienza con un toro vivo y termina con carne lista para el consumo, sí, la corrida es completamente una carnicería. Pero esto, no es más innoble que el proceso semejante que se efectúa en todas nuestras ciudades cada día laborable. Mi padre era carnicero. Nunca he tenido verguenza de su profesión. Pero la carne es en la tauromaquia sólo un subproducto. La corrida ofrece otras cosas más. Ciertamente no es sólo una carnicería”.

Pero muchos de aficionados consideran que (…) la corrida (…) es sobre todo (…) un arte. Es posiblemente un modo para ellos de ascender el nivel de la actividad a la cual son aficionados, de darle dignidad. Para el espíritu moderno, el arte es sagrado, por encima de toda crítica. Cualquier cosa parece ser justificado si se puede colocarle la etiqueta de arte, hasta las cosas aparentemente más raras. En este sentido, el arte reemplazó hasta cierto punto la religión (…)

 Esta concepción está también en la raíz de una cierta deriva. La elevación del arte, y del artista, por encima de la moral, considerar que todo es legítimo y justificado por esta denominación de arte, sirve para hacer perdonar infracciones flagrantes de la ética profesional más elemental. Desde hace doscientos años, vemos al artista, y él mismo se ve posiblemente, como gran héroe solitario de la epopeya humana. El estrellato está por todas partes en nuestra sociedad. De hecho, buscamos a héroes, y estamos dispuestos a olvidar bastantes defectos entre los candidatos a este estatuto. Hay unos toreros en ejercicio que, si fueran abogados o dentistas, serían rápidamente despedidos.

 En conjunto, encuentro que no es seguro que la corrida constituya un arte. Puede tener el arte dentro – manifiestamente ciertos toreros torean de modo más bello que otros – pero en su esencia es cualquier cosa de diferente, muy por encima del nivel del arte más simple. Sobre todo porque no se trata de una representación de otra cosa, como el arte contado (novela, teatro) o el pictórico. Como el torero en el albero le dijo al comediante en las gradas, aquí morimos de veras.

 Para mí, la corrida es más bien única en su género. El toreo es simbólico de toda la vida humana. Querría conocer más fenómenos de esta envergadura. Conozco sólo el amor y el sexo, el beber y el comer, que también puedan estar impregnados de arte, pero que van lejos más allá del arte, hacia el cielo , y que están también por debajo del arte, formando parte de la vida diaria”.

 Jeff Pledge.

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 “Decir que el rito de los toros, y en particular la corrida, es un “arte” es decir que existe de acuerdo a una brumosa necesidad de “irracionalidad” de “magia” ( ?), de “poesía”( ?), de “exigencia insaciable de formas bellas…”, etc. Decir que la muerte de toros en público, bajo la presencia hegemónica de la comunidad, sólo es legítima, dentro de su sinsentido, en el caso de la Fiesta Nacional, responde no sólo a una inexactitud técnica, cual es la de no reconocer que todas las fiestas con toros pertenecen a un mismo campo semántico, sino ante todo al interés por desactivar la razón que los ha venido justificando acaso desde hace milenios ante quienes los protagonizaban a años luz de la “sensibilidad” de nuestros artistas e intelectuales …..

…. Así pues, decir toro en España es decir rito, puesto que el toro bravo, o sus sucedáneos, existe y es mantenido como especie exclusivamente con fines rituales. Decir que el lugar del toro es el rito vale por decir que su tratamiento por parte de la comunidad social sólo puede producirse en el marco de actos o secuencias de actos simbólicos, altamente pautados, repetitivos en concordancia con ciertas circunstancias, en este caso vinculadas a la religiosidad católica tradicional, en relación con las cuales tiene carácter obligatorio, y de cuya ejecución se derivan consecuencias que, total o parcialmente, son también de orden simbólico.”

“El peligro que amenaza el universo simbólico del toro no es principalmente el de quienes quieren suprimirlo, sino el de quienes quieren convencernos de que el toreo es un “arte”, y sólo por serlo merece sobrevivir. Secuestrado su sentido social, aceptable por inofensivo juego de belleza, la corrida convencional, la única que les merece el indulto, gozará de la vida cuando ya haga quién sabe cuanto que el mundo de que hablaba y que por ella hablaba haya sido suprimido.”

 Manuel Delgado.

 

“Creador el toro de nuestra fiesta más potente y fuerte –la más potente y fuerte del mundo actual–, hecha con sangre, muerte y sol, al gran estilo antiguo. Esa fiesta que «es un baño de juventud, de la más joven juventud vecina todavía de la animalidad» –como dijo Mauricio Barrès–. Si se salvan y se salvarán las fiestas de toros en España, es porque, en el fondo, constituyen todavía nuestro más alto mito, nuestro sacrificio religioso más profundo. El sacrificio del dios por mano de un sacerdote: el torero ante una concurrencia estremecida de fieles palpitantes. El toro es el mito trágico de España –como diría Nietzche–. Por eso ha llegado a sublimar hasta el cruel y vulgar de su fiesta. Por eso el torero adquiere a veces calidades heroicas, de alta estirpe humana –en su lucha con el toro.

Los toros son el último refugio que resta a la España heroica, audaz, pagana y viril, ya a punto de ser asfixiada por una España humanitarista, socializante, semieuropea, híbrida, burguesa, pacifista y pedagógica. Los toros son el último reflejo del español que se jugó la vida en aventuras, que conquistó América, que invadió dominador la Europa del Renacimiento.

Ennoblecer de nuevo esta fiesta, extraer su esencia mítica, es la labor de los nuevos españoles, consuentes de un pasado y de un porvenir: orgullosos y leales de una gran tierra milenaria, como España.

Por eso avanzo yo hoy mi voz ante ti –bárbaro turista–, y te pido respeto, enérgicamente, para el culto de mi patria hacia el toro; animal divino, y, como divino, bravamente sacrificado.

E. Giménez Caballero

“Aquí se está jugando con el límite de la mansedumbre . Al toro manso que se quiere ir, ahora le llaman “abrirse”. ¡El toro lo que quiere es huir!…… ¿Qué cojones es genio y qué cojones es bravura? ¿Cual es la obligación del toro? ¿Coger al tío, no? Cuando el toro sale a la plaza tiene que acojonar, dar miedo al que está con el capote y al que está sentado arriba, y no parecer una cabra. Si esto me aburre, yo no voy y me voy al teatro a ver señoras en bolas, que me divierte más. Si el de arriba no pasa miedo esto se cae. ¿Que la cabra le puede pegar una cornada y matarlo? Nos han jodido. ¿Y el del andamio se puede caer y matarse? Entonces no me cuenten historias del miedo…… Aquí hay gente que quiere ser figura del mundo y sin sudar. Váyase usted a tomar por culo. Esto acaba con esto.”

Leopoldo Sainz de la Maza

El toreo es, probablemente, la riqueza poética y vital mayor de España, increíblemente desaprovechada por los escritores y artistas, debido principalmente a una falsa educación pedagógica que nos han dado y que hemos sido los hombres de mi generación los primeros en rechazar. Creo que la de los toros es la fiesta más culta que hay hoy en el mundo. Es el drama puro, en el cual el español derrama sus mejores lágrimas y sus mejores bilis. Es el único sitio donde se va con la seguridad de ver la muerte rodeada de la más deslumbradora belleza.

Federico García Lorca.

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