Diario de avisos quebequés.

stephane_dion  Entre ayer y hoy he visto por la prensa diversas entrevistas a Stéphane Dion, líder del Partido Liberal de Canadá, exministro y diputado, autor de la Ley de la Claridad de 1995, clave del debilitamiento del separatismo en aquellas tierras, y por otro lado quebequés de nacimiento y doctor en ciencias políticas de formación.

Como siempre parece que los españoles encontramos más juicioso y atractivo aquello que viene de fuera, voy a transcribir algunas de sus respuestas más interesantes.

Tanto Rajoy como Mas dicen que quieren negociar pero no aceptan el punto de partida del otro. ¿Qué le parece la situación?

No puedo dar consejos, bajo el punto de vista internacional es estrictamente un asunto interno español. Pero ninguna norma internacional dice que el artículo 2 no es válido. La mayoría de países se consideran indivisibles: Estados Unidos, Francia, Italia… Allí una secesión no se consideraría legítima. No hay pruebas de que una provincia de Canadá fuera a ser reconocida como un estado independiente contra el deseo de Ottawa. En la ONU no hay ni un país que haya sido aceptado contra el deseo del gobierno anterior, ni uno.
La pregunta de la consulta catalana es doble. ¿Pasaría la criba de la Ley de Claridad canadiense?
Los catalanes tienen que decidir si la pregunta es clara para ellos. La segunda parte de la pregunta en Canadá sería considerada clara, ¿quiere que Quebec se convierta en independiente? Pero la primera no. ¿Qué es un Estado no independiente? ¿Algo como Wisconsin? ¿Qué quieren decir? Pero tienes que contestar a la primera para contestar la segunda. En Canadá se consideraría una manipulación.
Mas ha acusado al Gobierno español de ser poco democrático por no permitir un referéndum. ¿Cree que la situación en Crimea puede volvérsele en contra?
Según ese argumento de Mas, ¿los gobiernos de Francia, Italia o Estados Unidos no son democráticos? La secesión es lo contrario del ideal de ciudadanía: tú eliges a quién quieres convertir en extranjero. Por eso muchos países no aceptan una secesión, porque creen que cada centímetro cuadrado del país pertenece a todos los ciudadanos.
¿Qué supuso la Ley de Claridad que usted promovió ese mismo año?Lo primero que hicimos desde el gobierno federal fue preguntar al Tribunal Supremo si un gobierno provincial tiene el derecho a decidir unilateralmente la secesión. El Tribunal dijo claramente que «no», pero añadió que si se da en una provincia un «apoyo claro para la independencia» existe una obligación de comenzar una negociación para ver si se puede llevar a cabo. La Ley de Claridad federal se formuló a raíz de la sentencia. En ella se establece que la pregunta de cualquier referéndum debe plantear en términos directos si se quiere o no la secesión, sin mezclar otros asuntos.
El pasado fin de semana «The Times» afirmaba que Cataluña es una «bomba de relojería». El rotativo decía que si los independentistas sacan adelante su referéndum y lo ganan «podrían destruir las economías de toda la región». ¿Usted qué opina?Soy parlamentario canadiense, así que no puedo dársela, Sólo puedo decirle que si en Canadá se decide aprobar la separación de Quebec sin una mayoría nítida se producirá no sólo una división entre los canadienses y los quebequenses sino entre estos entre sí. Es una vía abierta al caos, para la que la Ley de Claridad sirve de dique.
En los círculos independentistas catalanas no se invoca ahora tanto el modelo de Canadá como el de Kosovo, que alcanzó la independencia con una declaración unilateral…Mirarse en el espejo separatista de Kosovo es un gran error. ¿Qué van a conseguir con ese camino, un reconocimiento parcial? Kosovo no está en Europa, no está en Naciones Unidas. Algunos países lo han reconocido, pero ¿de qué les sirve? Además, el caso kosovar es absolutamente singular. Si Quebec decidiera su independencia un día contra la opinión de Canadá puedo asegurarle que no tendría reconocimiento internacional alguno. La idea de una secesión unilateral es, en mi opinión, irreal e irresponsable.
¿Toda nación debe aspirar a convertirse en Estado?Yo defiendo la identidad plural, que es enriquecedora. Hay alrededor de 3.000 naciones en el mundo y sólo 200 Estados. Si cada uno de esos grupos debe formar un Estado, el planeta explotará.
¿Necesitamos una mejor cultura democrática en España?-Mi experiencia es que el mejor argumento contra el separatismo es la identidad plural. En el mundo actual, disponer de más de una identidad es una ventaja. Ser quebequés y canadiense es mejor que solo quebequés, no es una contradicción.
Respecto a la consulta catalana, ¿le parece que la doble pregunta acordada es lo bastante clara?No puedo opinar sobre si es clara para los catalanes, pero puedo decir que si se trasladara a Quebec no sería considerada clara. La segunda pregunta sí lo es.
¿Cómo solucionar el conflicto entre una mayoría social en Catalunya que quiere ser consultada y el rechazo explícito del Gobierno español?Con el diálogo. En Canadá no existe el derecho a la separación pero sí el derecho a expresar tu punto de vista. Y si es claro a favor de la independencia, nos sentaremos a negociar como personas civilizadas. Aunque no será fácil y llevará tiempo.
Pero en la Ley de Claridad y en el dictamen del Tribunal Supremo canadiense se establecen unas condiciones para esa negociación…R. Sí. En Canadá, para negociar la secesión de una parte del Estado se requieren dos cosas: una amplia mayoría que apoye la secesión y formular una pregunta clara. No puede ser una pregunta confusa en la que se proponga una independencia pero manteniendo relaciones con Canadá o cosas similares. Eso no es aceptable. La cuestión debe ser muy clara: Estás dentro o estás fuera.
¿Son los principios de la Ley de Claridad y la experiencia canadiense aplicables a todos los casos?Mi visión personal es que algunas de las cosas que proponemos pueden tener validez universal. Con esto, por supuesto, me refiero a países democráticos como Canadá o España. Hablamos de cómo encajar el secesionismo en una democracia. Y no es fácil. Porque en una democracia se trata de ser solidario con todos tus conciudadanos. Aceptas a todos sin atender a sus orígenes, su idioma o su religión. Y el secesionismo es lo contrario. Con el secesionismo eliges a quiénes quieres mantener como conciudadanos y a quiénes quieres convertir en extranjeros.

Usted insiste en que la negociación es la única vía…

Es que no puede hacerse nada contra la voluntad del Gobierno central. De hecho, se requiere su participación activa para llevar a cabo una secesión. Habría que transferir miles y miles de estructuras al nuevo estado independiente. Para mí, la solución es encontrar la manera de discutirlo, como han hecho en Reino Unido, o como hicimos nosotros con la Ley de Claridad.

Pero imaginemos un Estado que no desea negociar la secesión de una de sus provincias o regiones…

En Canadá aceptamos la divisibilidad del Estado. España no lo hace. Pero muchos otros países, como Estados Unidos, Francia o Italia tampoco. Cada país debe decidir en ese sentido. A mí, personalmente, no me gustan los separatismos, pero como hay gente en mi país, a la que respeto, que es separatista, lo que necesitamos es el marco adecuado para ayudarnos mutuamente a resolver el problema. Así que si yo estuviera en un país que no quiere considerar su divisibilidad, no intentaría correr hacia un referéndum unilateral. Intentaría discutir y encontrar una vía para el debate y una solución. Pero una secesión unilateral es lo último que necesita contemplar una democracia moderna.

Así que lo ve usted como algo completamente inviable…

Es que si un Gobierno provincial declara su independencia unilateralmente, fuera de los marcos legales… ¿por qué tú, como ciudadano, ibas a aceptar las normas de ese nuevo Gobierno declarado fuera de la ley? ¿Cómo iba ese nuevo Gobierno a tomar control, por ejemplo, de la oficina de Correos que depende del poder central? Hay miles de ejemplos…

CONFERENCIA:

Dion ha instado a “los defensores de la unidad nacional” a “tener más en cuenta las preocupaciones de los grupos regionales insatisfechos”, pero también ha advertido de la importancia de “reforzar la lealtad de los ciudadanos hacia el país en su totalidad“.Y ha animado a hacerlo de forma desacomplejada porque “ceder prácticamente a todas las reivindicaciones de los separatistas esperando que pierdan todo interés por llevar a cabo la separación es una estrategia arriesgada y probablemente ilusoria”, una fórmula equivocada que ha denominado “estrategia del contentamiento“.El político canadiense ha enumerado cuáles son los riesgos de esta “estrategia del contentamiento” de los separatistas: se puede producir un “distanciamiento psicológico entre la región y el resto de la federación”; como las tranferencias buscan “apaciguar el secesionismo”, estas transferencias pueden “perder de vista el interés público”; se puede “banalizar la secesión”, al considerar la federalización como “una especie de separación a medias” sin valorar que la secesión es “un desgarro traumatizante”; se produce una “sobrepuja” en todas las negociaciones que “hace perder los matices” porque “el mero desacuerdo de una reforma adquiere dimesiones existenciales”, del tipo: “dame lo que quiero o el país se dividirá“; “el contentamiento” de los secesionistas “puede exacerbar las tensiones entre las regiones” al romper “el equilibro” entre ellas; y, finalmente, se corre el peligro de “liberar a los líderes secesionistas de la carga de la prueba” a la hora de explicar “la viabilidad de su proyecto”, traspasándosela a los federalistas. Si se quiere mantener España unida, los catalanes debe estar orgullosos de ser españoles”, ha subrayado.Y ha insistido en que es “muy importante” cultivar el discurso de la “identidad” a nivel nacional, y no centrarse únicamente en el debate sobre la estructura administrativa o consitucional para conseguir “frenar el separatismo”. Porque, según Dion, el federalismo no es la panacea que servirá, por sí mismo, para “eliminar los conflictos” generados por el secesionismo.

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En lo que este hombre tan instruído y moderado no ha caído es en las ventajas de separarse de España y Europa y asociarse a Islandia.  Para eso, amigo Dion, hay que “escurrirse” mucho el cráneo.

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