Saldando una vieja deuda.

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  Hay deudas que uno mantiene consigo mismo, deudas que se postergan y aplazan, unas veces por el trajín diario que ahoga y aplasta cualquier justo propósito de pago, y otras por pura indolencia del acreedor demorando su cobro para una mejor ocasión. Pero, por fin … Llegó. Día de restitución. Barcelona, 29 de Mayo de 2015. Hay muy pocas cosas a las que llevo siendo fiel desde mi adolescencia, ni en política, ni aficiones, ni gustos, ni siquiera al otrora vitalicio equipo de fútbol, pero si hay algo que me sigue entusiasmando desde los catorce años es la música de AC/DC, y jamás los había visto en concierto. De hecho, no había visto nunca ninguno de esas dimensiones. Cuando anunciaron la presente gira sabía que era mi última oportunidad. Ahora o nunca. Con una banda de más de cuarenta años no puede haber ya lugar a más dilaciones. Inmediatamente mande por watshap a un viejo amigo el anuncio. Estaba decidido, iríamos a Barcelona. Por supuesto no pudimos comprar en la taquilla oficial, imposible, pero bueno, ahí estaba la reventa, el dinero no era problema, se trataba de una cuestión de principios. Al final nos juntamos seis viejos rockeros, más otro alegre compañero del bachillerato al que no veía desde hace más de veinte años. Estaba claro que mientras hacíamos kilómetros camino de Barcelona viajábamos también de regreso al dulce territorio comanche de nuestra juventud.


Llegamos al hotel, multitud de camisetas negras y otras tantas rojiblancas, el sábado se juega la final de copa. Recepción, habitación, acomodo y a la calle. Entre una cosa y otra hay un ambiente excepcional, la ciudad ha sido ocupada. Buscando un restaurante, un paisano que nos ve con cara de despistados, nos recomienda un bar cercano sin ningún aparente atractivo, pero en el que comimos la mar de bien y la mar de a gusto en un saloncito privado. Y va llegando la hora. A las ocho cogemos los taxis que nos llevarán a Montjuic. Según nos vamos acercando a la base de la montaña la aglomeración de gente y vehículos es enorme, oleadas de camisetas negras suben por las aceras mientras taxis y autobuses tratan de acercarse lo más posible a las inmediaciones de un estadio ya tomado por asalto por los fans. Gentes de todas las edades, predominantemente de cuarenta, de cincuenta años, también se ven niños, bastantes, familias enteras, un tumulto de sesenta mil personas, bullicio, risas, cánticos, y por todos los sitios el acrónimo del rayo. Omnipresente.

Cuando llegamos a nuestro lugar en la grada ya están en el escenario los teloneros, apenas se oyen. Va oscureciendo y sigue entrando un río incesante de personas mientras el olor a marihuana invade todos los rincones. Las diez. Noche cerrada, un mar de cuernos rojos y teléfonos móviles encendidos resplandecen en la oscuridad. Con agradecida puntualidad comienza la espectacular intro en las inmensas pantallas del escenario. Un meteorito con las letras del grupo grabadas, que tras un accidentado viaje estelar, impacta en escena, y mientras un castillo de humo, bengalas, y fuegos artificiales simulan la explosión del choque, la banda irrumpe entre la pirotecnia al son de los primeros riffs del nuevo “Rock or bust”. Un shock. Un jodido shock. El sonido es tan brutal, …, la masa de pista se mueve agitada con la misma cadencia, Angus corretea mientras nos ametralla con su Gibson SG y Brian Johnson acuchilla el micrófono con su voz de camionero adicto a la cazalla. Esto es impresionante,… sencillamente, ..bestial …, estoy abrumado, no doy crédito. Durante dos horas exactas no puedo ser más feliz. Sinceramente, no sospechaba que iba a disfrutar tanto. La descarga que nos han administrado estos tipos, estos monstruos, estos auténticos dioses, nos ha dejado limpios e inocentes cual bebé recién dormido y con la candidez e irresponsabilidad del niño se nos cae la baba mientras suenan los últimos cañonazos del “we salute you”. Por un buen rato nos hemos quitado treinta años de encima y ciento cien kilogramos de estrés. A las 12 en punto todo ha acabado y salgo con la tremenda e íntima satisfacción de haber cobrado una vieja deuda. Y pagado.  “Leeviiing easy, leeeviiing free ….”.

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