VI.- Casta Vistahermosa

 

Y llegamos por fin a la casta definitiva del toro de lidia, la que ha prevalecido y se ha extendido por casi la absoluta totalidad de las ganaderías de bravo españolas.

La Casta Vistahermosa, al igual que la Vazqueña y Cabrera, fué fundada en Utrera, en la segunda mitad del siglo XVIII, por el Conde de Vistahermosa, D. Pedro Luis de Ulloa, que adquirió casi toda su vacada a los hermanos Rivas, vecinos de Dos Hermanas. El conde y su hijo, se valieron de grandes conocedores del toro bravo para ir realizando una sistemática labor de selección.

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V.- Castas Extinguidas

Antes de entrar en la Casta Vistahermosa y sus multiples encastes y derivaciones, base de la cabaña brava de hoy en día, vamos a hacer un repaso de lo “perdido” y una recapitulación general.

El ganado de lidia se originó en España. Las ganaderías bravas españolas se remontan hasta el siglo XVI, cuando proveían de toros las fiestas en las que se celebraba algún evento religioso o monárquico; aunque las grandes ganaderías españolas de toros de lidia no se forman sino hasta bien entrado el siglo XVIII, con toros de las castas andaluza, castellana y navarra, principalmente. No hay ninguna diferencia en cuanto al origen entre el ganado bravo y el manso. Ambos descienden del Uro, o bovino primitivo. La diferencia está en los caracteres que se seleccionaron en esos grupos. En el caso del ganado manso se seleccionaron caracteres de importancia para la producción de productos de consumo humano. En el caso del ganado bravo, el principal carácter de selección fue la bravura del animal, se fueron apartando los más indóciles, agresivos y salvajes de las vacadas semidomésticas.

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IV.- Casta Navarra

Casta fundacional afincada en la región de la Ribera que incluye las comunidades autónomas de Navarra, La Rioja y Aragón. Al parecer el origen está en ganado del Pirineo navarro, posiblemente emparentado con lo de la Camarga francesa, que paulatinamente fueron bajando al valle en busca de mejor clima y pastos. La Casta Navarra es probablemente la más antigua de las castas fundacionales que todavía perviven, y además es la que se ha mantenido más independiente. Este ganado de la Ribera tuvo siempre fama de ser muy predispuesto a embestir, y ya se tiene constancia desde 1388, cuando el tudelano Juan Gris vendió un lote de toros para los festejos de Pamplona.

Aunque la casta, verdaderamente nace con el Marqués de Santacara, D. Joaquin Antonio de Beaumont Ezcurra, en 1690, que consigue formar una de las primeras ganaderías propiamente de bravo. A su muerte la ganadería se divide y pasa por distintas propiedades, siendo las más famosas en los siglos XVIII y XIX la de Zalduendo* y sobre todo la de D. Nazario Carriquiri*. A todos los toros navarros se les llegó a conocer por extensión con el nombre de los toritos de carriquiri, o simplemente carriquiris, y tuvieron un gran cartel durante todo el siglo XIX.

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III.- Casta Gallardo

Intimamente ligada a la Casta Cabrera, la Casta Gallardo es tenida por algunos como casta fundacional y por otros como un tronco dentro de Cabrera. Su fundador fué el sacerdote* de Rota, Marcelino Bernaldo de Quirós en el siglo XVIII. Este cura procedente de Navarra, se llevó consigo a Cadiz un importante número de reses de Casta Navarra que cruzó con vacas andaluzas. Esta vacada fué comprada por Francisco Gallardo que la trasladó al Puerto de Santa María e inició una gran labor de selección que fijó los caracteres de este encaste, muy parecidos a los de Cabrera, pues eliminó casi todo lo navarro.

A la muerte de Gallardo la ganadería fué vendida en varios lotes, principalmente a Miura y otro a Pedro Echeverrigaray que fué la que posteriormente dió lugar a la vacada de Pablo Romero en Sevilla. Todo lo que se quedó en Miura vino a confundirse y difuminarse en lo mayoritario, y además muy similar, de Cabrera. Por tanto, de esta Casta nos queda hoy únicamente lo de Pablo Romero.  Desde 1885 hasta 1997 la ganadería ha estado en poder de la familia Pablo Romero, pero ya desde que se hicieron con ella era un mosaico de sangres y encastes. Gallardo, Cabrera, Vazqueña, Jijona y Navarra son las castas que han contribuido en menor o mayor medida en el actual toro pablorromero.

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II.- Casta Cabrera

Otra de las castas fundacionales. Las primeras noticias ciertas que tenemos de ella datan del siglo XVIII cuando la vacada pertenecía a Luis Antonio Cabrera Ponce de León, que al parecer la había ido adquiriendo a monjes cartujos de Tarifa, y al igual que la vazqueña, estaba establecida en Utrera. Eran los animales de Cabrera de gran alzada y muy corpulentos, largos y de cuello galgueño, y con defensas muy desarrolladas. A pesar de su gran peso no resultan gordos, pues disponen de un gran esqueleto que soporta sin problema la gran cantidad de quilos. Destacan por su variedad de pelajes, negros, colorados, castaños, cárdenos, berrendos, salpicados, chorreados, algún jabonero, y todavía se pueden ver sardos y salineros.

La Casta Cabrera ha estado ligada desde el año 1842 al nombre de Miura, única ganaderia que ha mantenido esta casta, y a pesar de haber introducido algún semental de Vistahermosa o de Casta Navarra, ha llegado hasta nuestros días con sus características esenciales.

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I.- Casta Vazqueña

Iniciamos con este post una serie dedicada al Toro, al maravilloso mundo de sus diversas castas y encastes.  La Casta Vazqueña es una Casta fundacional del toro bravo. Se trata de un animal fuerte, ancho, de patas cortas, en general de hechuras bonitas y poderosas con una buena encornadura. Las capas son variadísimas, predominando las blancas (ensabanados y jaboneros), y en todas ellas abundan los rizos en cabeza y cuello. Sus primeros indicios datan del siglo XVIII cuando su dueño era D. Gregorio Vazquez y pastaban en Utrera. A su muerte la mayor parte de la ganaderia fue a parar al rey Alfonso VII. Desde el primer momento el Duque de Veragua se ocupó de que no fuera cruzada con otros encastes, y al final fue el mismo el que la adquirió, estando la ganadería en manos de su familia hasta 1929.

Hoy en día esta casta casi se ha extinguido y solamente sobrevive en dos ganaderías, Concha y Sierra, y sobre todo Prieto de la Cal (de la que son los ejemplares de las fotos). También son de sangre vazqueña los toros portugueses del romantico ganadero Fernando Palha, que ha reconstruido el viejo encaste de los antiguos palhas, “los palhas blancos“.  La otra linea de palha, los más famosos hoy en día y que son los que se anuncian como “Palha”, son procedencia Baltasar Iban y pertenecen a otra rama de la familia Palha que es la que se quedó con el nombre. (Lo de palha está añadido gracias al comentario de Michel)

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