Laureles en la derrota. (Fin de la trilogía que me ha salido)

   Reuters

   Esta ha sido una gran semana para los aficionados al fútbol. El martes redescubrimos el placer de ver un buen partido, un extraordinario espectáculo lleno de fuerza, técnica, nobleza, emoción, nervio, velocidad, lucha, pasión, en fin, FUTBOL, y el fútbol, ya se sabe, es inglés.

    Pero el jueves asistimos a otra cosa, a una de las noches más apasionantes y conmovedoras que yo haya pasado nunca delante de un televisor. Dos horas en las que un pequeño equipo del Sur de Madrid, cual Viriato redivivo, mantuvo en jaque al poderoso imperio bávaro de las pastillas. En inferioridad númerica, contra un equipo omnipotente y terriblemente eficaz, marcialmente alemán, dió toda una lección de entrega, de dignidad y de vergüenza torera.

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