Viva Hayek ¡

 

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Largo trecho y alguna calamidad soporte hasta llegar aquí. Parada y fonda que habito ya sin peso de culpabilidad y con el cerebro medio despejado. Como buena parte de mis contemporáneos tras mi paso por un colegio de curas, agustinos por más señas, que me enseñaron mucho más de lo que yo pude aprehender, dirijí mis pasos a la Universidad Pública, a orillas del Ebro, Zaragoza se me abrió de par en par. Allí fue donde decidí hacerme marxista, cosa que ya venía maliciándome hace tiempo, pero el hecho de que las chicas más desinhibidas llevaran siempre pañuelo palestino, precipitó mi decisión. Como no soy del todo tonto y las niñas pijas están mucho mejor, aquella fiebre me duró cuatro años, exactamente hasta una clase de quinto de derecho en la que analizábamos el Programa de Gotha. No, no es el de Batman. Ojalá.

 

A partir de aquí, la infructuosa busqueda de mi primer trabajo en los lejanos y convulsos años del tardofelipismo hizo el resto. Me convertí a la verdadera fe. Soy liberal.

 

 


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