Por fin es viernes. (en Texas).

Ayer era un pez gordo de Lehman Brothers, mi jardín era tan grande como el Madison y mi maldita mujer rubia hacía bien en quererme tanto. Esta noche, una recta infinita se extiende bajo la luna hasta las colinas del Condado de Limestone, mi viejo y olvidado Chevrolet del 69 rompe la calma con su crónica y perruna ronquera . Aúllan los coyotes mientras enciendo el penúltimo Chester y recuerdo sus caderas. ¡Mierda¡, ya es el segundo mapache que atropello esta noche, debería parar y dormir un poco. Pero no, quiero llegar cuanto antes, y además hay un bar de carretera a cien millas, justo cuando amanezca, quizá allí aún cuele mi tarjeta de crédito. Ella me espera en San Antonio.

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